Francisco Coloane (Especial para ARGENPRESS-info)
Se ve más compactado y menos tenso al bando perdedor que al ganador, si hubiera que hacer un resumen de la situación después de la elección de segunda vuelta el 17 de enero.
La alianza de derecha y neoconservadurismo que venció por un margen de 3.2 % en la segunda vuelta, exhibe el desconcierto propio de una victoria estrecha y distorsionada en la forma en que se llevó a cabo.
Después de una campaña de propaganda nunca vista en Chile, para estigmatizar al gobierno que le devolvió estabilidad y prestigio al país, y que entregó enormes beneficios sociales, el bando ganador de la elección en su fuero interno naturalmente sabe bien el peso de su victoria.
Esta alianza todavía no percibe en forma precisa en qué condiciones venció y qué fuerza venció (Ver notas en ARGENPRESS).
Lejos de verse impactada, - una mayoría de analistas apoyando la opción de la derecha auguraban un colapso de la coalición de gobierno-
Por otro lado, la excesiva atención por magnificar el daño ocurrido en
Se le ve enredada estratégicamente. No tiene claro si continuando con el plan de romper
El exabrupto del Senador Andrés Allamand, uno de los líderes del plan de hacer salir a
“Existe felicidad pero es controlada”, nos dice un periodista que cubre ese sector político. Ese control se origina en la sorpresiva vitalidad de
A la derecha le incomoda
Lejos de estar derruida, como muchos anunciaron,
“Es como volver al tiempo de la dictadura, pero con democracia, con nuestros parlamentarios, ediles, y la experiencia de 20 años en el gobierno. Lo importante es mantenernos unidos sin que se metan quintas columnas”, dice un dirigente de
Los dos dilemas principales de
Primero, reconstituirse a partir de un golpe anunciado, que no es un dato menor.
Sus partidarios preveían la derrota, pero no la asumían del todo por ese fenómeno tan chileno de: “a ver si pasa algo y ganamos”.
Le va a ser más difícil a
Reconstruir su nuevo rol es más complejo porque el “enemigo” es triple: El gobierno, la alianza que apoya a ese gobierno, y el mandato popular de una estrecha mayoría, pero mandato al fin.
Unos dirán que la alianza de derecha también enfrentaba ese enemigo de tres cuerpos anteriormente, pero no era tal. La derecha nunca tuvo ese enemigo coordinado. Más bien enfrentó una fuerza dispersa que facilitó la tarea.
Venía de gobernar un país “heredado” por
Es así que los dos primeros gobiernos de
Una nueva constitución manteniendo remanentes autoritarios de la dictadura y el sistema binominal, fueron los grandes aliados de la derecha y se transformaron en las principales desventajas de la coalición de centro izquierda.
El segundo dilema, es definir precisamente su identidad de centro-izquierda.
Definir esa identidad va a la par con reconstituir su diseño político de oposición y su tejido como fuerza operacional. Eso se facilita enfrentando coyunturas y un módico ejercicio teórico.
Centro es una zona minúscula y gris que se expresó en esta elección de forma muy opaca y a la hora de las definiciones tendió desaparecer.
En el fragor de la elección, la continuidad de
Centro-izquierda no explica el fondo del proyecto. Es una dicotomía que no dice si es integración, o es un “dos en uno”. La intersección de dos conceptos es incomprensible al instante, y no distingue sin el manual bajo el brazo.
Concertación de Partidos por
Si las definiciones básicas prevalecen,
Habrá que acostumbrarse. Después de 20 años inesperados por cierto, considerado la inestabilidad de los regímenes en la región, la coalición de centro izquierda que gobernó Chile durante esos años, ya no estará más allí como un aliado de libertad política, de coherencia en políticas sociales y proyectos de desarrollo con equidad en el confín del mundo.
Por lo menos por cuatro años, que es el período que le corresponde al nuevo presidente elegido, Sebastián Piñera, en ese confín gobernará la derecha y el neoconservadurismo.
La ola neoconservadora que se expande en el mundo, contará en Chile con un aliado en zonas de frontera con áreas críticas de control estratégico como
Para quienes acompañan los acontecimientos mundiales con sentido del equilibrio internacional, el triunfo de la derecha neoconservadora en Chile no es un hecho menor.
El continente ya vivió la experiencia de un Chile durante la dictadura militar en los años 80 con una alianza insensata de apoyar a Gran Bretaña y EEUU en contra del esfuerzo argentino de recuperar las Islas Malvinas.
No pocos cuadros de ese gobierno militar, hoy apoyan al actual presidente electo, y no se descarta que ocupen cargos en su gobierno.
Que hayan sido los militares equivocados en Argentina, no le resta gravedad al hecho de un país en alianza con las dos potencias insignia de
Un presidente de corte neoconservador en Chile, que se disfraza de centro de derecha para captar votos, es una materia de alta preocupación para aquellos empeñados en los equilibrios internacionales.




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