Carmen Vivanco nació en Ovalle en 1916. Hoy camina sobre los noventa y cuatro años. Bajo la piel tostada y el cabello blanco, es pequeña y frágil. Sus ojos azules, son lámpara para quienes buscan caminos. Transita sobre el desamparo, pero es báculo para otros. Nunca la he visto inactiva o sin la apretada agenda de hechos que exigen su atención en cada instante.
“Cristal” la llamó quien la amaba, Óscar Orlando Ramos Garrido, su cónyuge. y compartió treinta años con ella-. “Carmen es reflejo y vibración ante la alegría o la pena de los que respiran a su lado y transitan la existencia”- dijo.
Durante muchos años trabajó junto al Partido Comunista. Uno de esos días, aunque se había luxado una mano llegó a cumplir tareas junto a Rafael Cortez, quien, al verla muda soportando el dolor- le dijo: “Ud. es puro sistema Shanks: pone el hombro a las tareas más duras como el trabajador pampino. No expresa su dolor físico ni la angustia ante la separación de su hijita de meses y de su marido, prisionero en Pisagua”.
Eso ha sido ella, hierro tenaz en la búsqueda de los cinco miembros de su familia hechos desaparecer por la dictadura de Pinochet. Frágil ente de nuestra tierra, no se dobla ni se rompe. Tragándose el amargor de las lágrimas, ha recorrido Chile y el mundo exigiendo verdad y justicia junto a
No tenía tres años, cuando murió su madre. Creció junto a la abuela paterna cuidando a Hugo, el hermano menor, amigo y compañero en la lucha por justicia para los trabajadores. Al enviudar, el padre tomó nueva esposa y se enganchó para trabajar en las salitreras, llevando consigo a su madre, a Carmen y Hugo Ernesto, de sólo uno.
En el desierto chileno había decenas de oficinas salitreras, comunicadas entre sí por ferrocarriles. La planta de trabajadores estaba constituida por obreros que habían nacido a lo largo del país. Eran campesinos de la zona central o artesanos de Santiago, ex ferroviarios, obreros del puerto o comerciantes a quienes había atraído la noticia de empleo seguro y la leyenda de los buenos salarios, que luego comprobaban que no eran tales. Como pago recibían fichas con las que apenas alcanzaban a adquirir lo fundamental para satisfacer sus necesidades. Las oficinas abarcaban pequeñas o grandes extensiones de pampa salitrera habilitadas con zonas de laboreo y recintos administrativos, poblados de casas de calamina, alguna plaza, un local social, la infaltable pulpería, a veces, una iglesia. En medio de ese desierto no había nada que pudiera hacer amable la vida. Las agotadoras labores empezaban con la alborada y concluían al atardecer. Las mujeres no tenían más destino que tener hijos, cocinar, limpiar la casa, esperar y atender al marido.
La familia se estableció en la oficina Anita. Los niños ingresaron a la escuela básica en Aníbal Pinto y cursaron allí hasta la tercera preparatoria. Carmen y su hermano no disponían de espacio donde distraerse. Jamás supieron de juguetes o de Pascuas. No había pasatiempos para ellos y debieron empezar a laborar desde edad muy temprana. Hugo Ernesto vendía velas y cigarrillos; Carmen, junto a su madrastra lavaba ropa de los obreros del caliche y, de madrugada, preparaba el “lonche” que aquéllos llevaban al trabajo.
El padre, fochista, llevaba a sus hijos, desde pequeños a las concentraciones de
— ¡Ya es hora de apagar la luz! ¿Quiénes están aquí?.
— Nadie, sólo la familia –respondía el padre.
Cuando se alejaban –dice Carmen- salían los compañeros que dialogaban con papá y se iban. Mi hermano y yo sabíamos guardar silencio: nadie se enteraría por nosotros de lo que ellos habían conversado. El padre no sabía leer y la despertaba cuando a medianoche llegaba el diario de los trabajadores y le decía: “Hija, léamelo”. Al día siguiente, traspasaba el diario a otro obrero. Así circulaba la prensa.
Los niños tenían que trabajar también. A los diez años Hugo Ernesto cargaba latas que le originaron problemas en los brazos y quedó para siempre con un hombro caído. A los catorce, por la noche caminaba kilómetros por la pampa para distribuir el diario clandestino “El Despertar de los Trabajadores”. Mantenía a buen resguardo, además, los carnets de los miembros de
En 1941, el padre perdió el puesto de calichero porque ya no servía para realizar labores rudas. La familia emigró a Antofagasta. Carmen ingresó al Partido Comunista y militó activamente en
En el intertanto, la situación económica y política del país se había ido poniendo cada vez más difícil y Hugo Vivanco había sido detenido en varias oportunidades en San Felipe, por ser organizador de los trabajadores. En la época de Gabriel González Videla, Óscar Ramos junto a Víctor Díaz y muchos dirigentes obreros fueron relegados a Pisagua. Genoveva tenía nueve meses, cuando Carmen fue detenida durante cuatro meses en el Regimiento Esmeralda y su madrastra debía llevarle diariamente a la pequeña para que la amamantase. Después fue relegada a Chillán donde permaneció un mes y medio hasta que logró fugarse con la ayuda del diputado José Miguel Iturrieta. Logró llegar a Santiago y trabajó en la clandestinidad hasta que se reunió con su marido liberado del campo de concentración.
Pudieron reanudar la vida familiar. Ella recibía una pequeña pensión y trabajaba en costuras hasta las tres o cuatro de la mañana para mantener la casa. Óscar fue cargador de camiones y más tarde secretario del diputado de Arauco, Santos Leoncio Medel. Trabajó como radiotécnico, después, junto a Víctor Díaz y Hugo Vivanco, ingresó como linotipista en
Hugo Vivanco casó con Alicia Herrera Benítez y fueron felices junto a su hijo Nicolás.
En las elecciones de 1945, el PC obtuvo siete senadores y quince diputados.
En 1950 nació: Óscar Ramos Vivanco. Fue estudiante de computación, técnico en radio y se tituló como tornero en
En 1957, los trabajadores de
La tarea de mi marido era muy compleja y difícil. Requería la habilidad de interactuar con los diversos grupos políticos, buscando la mejor manera de satisfacer necesidades y evitar fricciones entre ellos. Cuando había conflictos, él dialogaba con los dirigentes y yo me reunía con las mujeres buscando satisfacer aspiraciones legítimas y superar situaciones de confrontación. Después del Golpe de 1973, muchos funcionarios o representantes de grupos de oposición decían con respecto a su desempeño: “Todavía recordamos al Intendente Ramos. Él sabía entenderse con las personas y evitar conflictos inútiles. En las situaciones complejas decía: “Conversemos, examinemos los problemas y busquemos entre todos la solución”. Y así se hacía.
Debido al exceso de tensiones vividas a diario, Öscar enfermó gravemente a fines de agosto de 1973. Se le reventó una úlcera en el duodeno. El 9 de septiembre, el médico determinó trasladarlo de urgencia a Santiago. Le ordenaron inmovilidad absoluta y el 11 debería someterse a chequeo clínico en el hospital. No pudo hacerlo, porque justamente aquel día se produjo el Golpe. Debí administrarle las medicinas recetadas en Puerto Montt mientras se presentaban condiciones favorables para hospitalizarlo. En ese tiempo tan difícil, de frecuentes tiroteos, vivíamos en una casa arrendada, a cuyo 2° piso subían una y otra vez los militares, sosteniendo que allí había francotiradores. Me correspondió muchas veces abrirles la puerta para que subieran a investigar. Afortunadamente, ninguna vez intentaron registrar nuestra casa. Debido a la urgencia con que debimos partir, mi hijo tuvo que quedarse en Puerto Montt y estuvimos una semana sin tener noticias de él. El Jefe Militar que asumió el cargo, le permitió salir de
HUGO VIVANCO VEGA fue el primer familiar de Carmen Rosa Vivanco, que cayó en poder de
“Vivanco estaba enfermo –cuenta Sergio Villegas, autor de Morir es
Sergio Villegas, en la pág. 399 de su libro, informa: NICOLÁS HUGO VIVANCO HERRERA estuvo viajando entre San Felipe y Santiago en esos días de zozobra, cumpliendo con su trabajo y, al mismo tiempo, haciendo lo imposible por saber de sus progenitores. El 10 de agosto salió de casa de su tía Carmen Vivanco..., pero no apareció nunca más. Tenía 30 años. Su esposa y sus tres hijos viven aún en San Felipe”.
En el lapso de una semana arrancaron del lado de Carmen a cinco familiares directos y profundamente ligados a su corazón. Nunca pudo hallarlos, pues los cinco fueron secuestrados y hechos desaparecer.
“Óscar Arturo, mi hijo, - relata Carmen- armaba radios y su padre le ayudaba. El día en que los detuvieron estaban trabajando juntos. Al parecer fueron llevados a
Óscar Ramos Garrido había seguido funcionando en la clandestinidad como encargado de Organización del Comité Regional Capital. Reemplazó a José Weibel en el cargo cuando éste fue detenido el 29 de marzo de 1976. Trabajó en tareas asignadas por
“Cuando Genoveva regresó a Antofagasta quedé totalmente sola. Durante doce años, llegaba a la casa sólo a conversar con las paredes. En aquel entonces, mi familia sólo era
“En
“Antes de incorporarme a
Ahora, a veces me da pena al pensar que ya estoy vieja y no puedo hacer mucho. Es posible que alguna vez discrepe con algún compañero o con alguna política del partido, pero siempre voy a estar allí. La lucha es lo único que me deja satisfecha. No sirvo para estar sentada en la casa sin hacer nada. Así lo aprendí desde que mi padre nos llevaba caminando junto con mi hermano a escuchar al compañero Elías Lafertte, a cuatro kms. de la oficina salitrera”.





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